Silencio desde la mente. Practica de meditación

Maria_CorbiMaria Corbí

Desde el silencio interior reflexionar hasta comprender y llegar a la aceptación.

Sea el que sea el acontecimiento que se presente, acógelo calmadamente y acéptalo. Lo que ha ocurrido, ha ocurrido. ¿Verdad que es imposible negarlo? Pues acéptalo. Cuando un acontecimiento ha ocurrido, ningún otro es posible en su lugar. Verlo y sentirlo así equivale a decir: “sí, así es”. Eso es tomar posesión del hecho, sin rechazarlo.

¿Qué hay de malo en buscar lo agradable y apartarse de lo desagradable? El río de la vida discurre entre las riberas del sufrimiento y del placer. No hay problema a menos que lo mental rechace fluir con la vida y pretenda quedarse anclado en una ribera. Fluir con la vida es la aceptación; dejar llegar lo que viene y dejar ir lo que se va. No desees, no tengas miedo, observa el presente tal cual es y cómo llega. Tú no eres lo que llega, sino aquel a quien eso llega, el observador. En el fondo, no eres ni siquiera el observador. Eres la potencialidad última cuya manifestación es la conciencia que todo lo abarca.

Debes ser un “sí” sin ningún “no”. Lo que hay “es”, el “debería ser” no existe.

Si deseas otra cosa, dices “no” a lo que hay. Entonces amas más a tu criterio que a la nrealidad que es.

Lo que ha ocurrido, ha ocurrido. No digas “no”, no desees “otra cosa”. Lo mismo con respecto a la relación con las personas. Hay que tomarlas “como son”, “como deberían ser” no existe. Acéptalas, reconócelas, diles “si”. No rechaces lo real por tu idea. No te alejes de la persona que existe por amor a “tu idea” de ella.

Es preciso decir “sí” enseguida y en primer lugar. Una aceptación profundamente sen­tida. Ningún “no”, ningún rechazo.

Acepta, y si después de haber aceptado, hay alguna cosa a hacer, hazlo lo mejor que puedas en la medida de tu comprensión y de tus fuerzas y entonces, acepta de nuevo.

Desear que las cosas sean de otra manera, eso es ignorancia.

La fuente de la desgracia reside en el hecho de no ver, -porque no se acepta-, “lo que es”, “lo que ocurre” y querer que “sea y ocurra otra cosa”.

No viendo lo que es, lo mental suspira por otra cosa. “Pensar” y “desear” recubren de sombra el “ver” y el “ser”.

Lo que ocurre está bien porque sólo lo que ocurre es el “uno sin segundo”, lo que yo desearía que ocurriera es sólo una representación de mi mente.

Donde hay aceptación hay paz. Donde hay rechazo no hay paz.

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